Opinión

La columna de José Arnaldo Pérez: Celebrando el té de las "Cinco"

El periodista de Al Aire Libre en Cooperativa analizó el triunfo del piloto británico en la edición 2018 de la Fórmula 1.

La columna de José Arnaldo Pérez: Celebrando el té de las "Cinco"

El té de las cinco es una tradición inglesa, y, no es de extrañar que entre sus actividades, la conversación variopinta lleva entre otros temas el deporte. De seguro el juego simbólico con esa hora generó que celebrarán a más no poder el pentacampeonato de Lewis Hamilton, quien supo ganar en una temporada que el alemán Sebastian Vettel parecía el indicado para arrebatarle el cetro de Campeón del Mundo. Pero los especialistas dieron en el clavo. Apostaban las principales fichas al alemán, pero con la carta escondida que tiende a flaquear en momentos de apremios y allí le traicionaba su cabeza, condición donde el británico le saca ventaja, misma que en México lo consolidó como el mejor piloto en la actualidad de la Fórmula 1.

Hamilton estaba predestinado a codearse con la velocidad desde el momento mismo de su nacimiento. Tanto así que se llama Lewis en honor al atleta y velocista estadounidense, y múltiple campeón olímpico, Carl Lewis. Desde los ocho años ya corría en bólidos, y a los 10 obtuvo su primer título. Y ahora, con 33, acumula cinco en la máxima categoría de velocidad en pista, igualando los cetros del legendario Juan Manuel Fangio, el "chueco", el mismo que decía que "el mejor piloto es el que gana corriendo a la menor velocidad posible", porque, salvo cuando alcanzó el "penta" en Nürburgring batiendo en diez ocasiones ese mismo día el registro de la vuelta más rápida, lo del argentino era el manejo inteligente y libre de riesgos innecesarios. Por tal motivo el británico alcanzó la estatura de leyenda, al igual que Fangio. Ambos obtuvieron su primer título mundial en su segundo año en el circuito. Y entre otras similitudes los dos debieron bregar con una infancia dura y que el automovilismo les permitió superar.

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Hurgando en los antecedentes de estos pentacampeones hay otro dato a considerar, son descendientes de inmigrantes, italiano por el lado de Fangio, y de Granada, en el Caribe, en el caso de Hamilton. Y este dato cobra mayor relevancia por lo que vivió al lograr un nuevo campeonato, ya que confidenció que el jueves reciente falleció su abuelo, a quien lo tiene como una figura inspiradora pues explicó emocionado que su "tata" estaría orgulloso que el apellido que les heredó entre en la historia. Y agregó que fue un hombre "negro" –con todo lo que implicaba hace década esa condición en Europa- que demostró ser un gran padre de familia y ser humano. Mostrándose doblemente "tocado" a la hora de celebrar.

Para Hamilton quedan varios récords que romper, y el gran desafío apunta a equiparar los siete campeonatos mundiales que alcanzó el alemán Michael Schumacher, pero Ferrari, que aún le da pelea a Mercedes por el máximo galardón en los constructores de esta temporada, apunta a seguir creciendo el 2019 y recuperar para su escudería el sitial del mejor conductor. Y la irrupción y crecimiento del holandés Max Verstappen le oponen un nuevo obstáculo para llegar a seis títulos... Pero para eso falta. Ahora lo que le importa a él y los ingleses es seguir celebrando, ya que el propio piloto dijo que esto le parece "irreal" y que todavía no cae en lo que ha logrado luego de "un año difícil y de mucho trabajo". Sus compatriotas y seguidores lo saben y por eso lo acompañaron en los festejos que se dieron en tierras mexicanas, donde hay que hacerlo como es debido, que llevan incluso a pensar y, parafraseando el libro de Hernán Rivera Letelier, hasta la realeza no quedó indiferente, porque no olviden que "la Reina Isabel cantaba rancheras".

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