La columna de Manfred Schwager: Cada uno por su lado

Revisa la opinión del periodista de Al Aire Libre en Cooperativa en torno al inicio de la NBA.

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Por Manfred Schwager, @mschwagerv

Un mes después de exigir su salida, Jimmy Butler jugó por Minnesota. Y no sólo eso: fue titular, tuvo la segunda mejor mano de su equipo con 23 canastas, bajó siete rebotes, entregó tres asistencias, robó cuatro balones, y fue el segundo con más tiempo en cancha con 31 minutos.

Que los Timberwolves perdieran por cuatro puntos ante San Antonio forma parte de la anécdota: derrota estrecha ante un rival de Conferencia, con el que bien puede pelear un cupo en los Playoffs, en un partido donde Karl-Anthony Towns y Andrew Wiggins tuvieron un rendimiento regular.

Porque la saga de Butler ha sumado más incertidumbre a la que generó la petición del jugador. Lo primero fue la lucha de poder en la franquicia, con los mensajes cruzados del entrenador Tom Thibodeau y el dueño Glen Taylor.

Thibodeau, que además es el responsable de las contrataciones, dejó en claro que haría todo lo posible para convencer a Butler de quedarse y extender su contrato. Al mismo tiempo, Taylor le manifestaba a sus colegas que ante cualquier negativa de sus subalternos lo contactaran directamente con propuestas por el jugador.

Es lo que hizo Miami, que se interesó de inmediato en un jugador que está entre los quince mejores de toda la NBA. Pero cada vez que estaban a punto de sellar el acuerdo desde Minnesota pedían algo más, lo que terminó aburriendo a la dirigencia de los Heat que botó las negociaciones a menos de dos semanas de comenzar la temporada.

Para darle mayor suspenso, Butler anunció que se presentaría a la práctica del miércoles 10. Nadie pareció preocuparse por lo que eso podría significar, así que no hubo reparos. Grave error, para algunos; seguir en el "gallito" en que se convirtió todo esto, dirán otros.

Lo concreto es que Butler apareció, se mezcló con los reservas de los reservas, y lideró a ese equipo a una contundente victoria frente a los titulares, encarando entre medio a Towns y a Wiggins. Para darle algo más de color a su retorno, le enrostró al gerente Scott Layden que el equipo lo necesita y que sin él no pueden ganar, agregando algunos epítetos para darle mayor énfasis a su aseveración.

Aunque la temporada empezó con una derrota, Jimmy Butler tiene razón. Gracias a él Minnesota rompió los catorce años sin Playoffs. Con él, el equipo gana más del sesenta por ciento de sus partidos. Con su ética de trabajo –la herramienta que lo sacó de la pobreza y la vara con la que mide al mundo–, Butler le muestra a sus compañeros uno de los caminos para llegar a lo más alto.

Sin embargo, el problema persiste. Butler está molesto, Wiggins y Towns aún no demuestran que merecen el rótulo de figuras, y Thibodeau y Taylor siguen en frecuencias distintas. La situación tiene todo para convertirse en un desastre, y además la franquicia está contra el tiempo: debe mover a Butler antes de febrero si quiere recibir algo a cambio. Siempre pueden arriesgarse e intentar convencerlo de extender su contrato, pero los antecedentes no son nada favorables para Minnesota.