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Rusa Olga Pyleva inauguró los dopajes positivos en Turín

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La rusa Olga Pyleva, que el pasado lunes 13 se adjudicó la medalla de plata en la prueba de los 15 kilómetros individual de biatlón, se convirtió en la primera atleta en dar positivo en los férreos controles antidopaje de los Juegos Olímpicos de Invierno de Turín, y además de ser descalificada arriesga ser juzgada por el sistema penal italiano.

 

La atleta rusa fue expulsada de la competencia y desposeída oficialmente de la presea que obtuvo en los 15 kilómetros. La plata pasó a manos de la alemana Martina Glagow, que terminó tercera, y el bronce a la también rusa Albina Ajatova, que se clasificó cuarta.

 

Carfedón se llama la sustancia estimulante que se encontró en la orina de Pyleva, quien se transformó en el primer positivo de los cerca de cuatro centenares de análisis que se han realizado desde que el 31 de enero se abrió la Villa Olímpica de atletas para los Juegos.

 

Antes de Pyleva, habían saltado a la luz pública casos de deportistas suspendidos, la mayoría temporalmente, pero se debían a controles efectuados antes.

 

Antes destacaron casos como los de los 12 esquiadores de fondo, entre ellos la vigente campeona olímpica alemana Evi Sachenbacher, pero fue por presentar en sus análisis de sangre una tasa demasiado elevada de hemoglobina, lo que no se considera dopaje porque puede ser producido por causas naturales o de estancia en altura.

 

Todos fueron castigados con cinco días de "obligado reposo", a partir de la toma de la muestra y la gran mayoría, tras un posterior análisis en donde sus valores de hemoglobina volvieron a la normalidad, recibieron la luz verde para competir.

 

La mala noticia para la biatleta rusa es que corre el riesgo de ser también juzgada penalmente en virtud de la ley italiana, según las medidas vigentes para estos Juegos de Invierno.

 

Turín 2006 hizo noticia por el aumento de los controles, pero en especial por las discusiones entre el Comité Olímpico Internacional (COI) y el gobierno italiano por la ley existente en el país peninsular, y que contempla la persecución penal del dopado y de quien haya podido suministrarle la sustancia en cuestión.

 

El COI deseaba que el dopaje se enmarcase dentro de las reglas olímpicas y de lo efectuado en las precedentes citas, pero el Gobierno italiano se mantuvo en mantener la ley y no paralizar su efecto durante la cita olímpica turinesa.

 

Todo ello, en medio del anuncio de que en Turín 2006 el COI iba a realizar unos 1.200 controles antidopaje, un 45 por ciento más que cuatro años antes en Salt Lake City, con el claro riesgo de que los casos positivos aumentaran considerablemente.

 

De esta forma los atletas que den positivo, junto a la sanción deportiva, pueden ser procesados en los tribunales italianos, aunque la sanción penal máxima que la ley contempla para un positivo es de dos años, y ello no implica en Italia encarcelamiento en caso de que éste sea su primer delito.

 

Olga Pyleva se ganó entonces el "honor" de inaugurar el registro de dopajes positivos en Turín 2006, y es la primera que puede sufrir los efectos de la suspensión deportiva del COI, y la penal de los tribunales italianos. (EFE)

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