Víctor “Pititore” Cabrera murió este jueves a los 68 años tras ser encontrado sin vida en su hogar en Quillota, en la región de Valparaíso. El exdelantero fue ídolo de San Luis y protagonista del ascenso de 1980, donde destacó como uno de los goleadores del equipo.
La noticia golpea a la familia del fútbol chileno por el peso de su nombre en la década de los 80, especialmente en la zona de Quillota, donde construyó su carrera más recordada. Su etapa en San Luis lo instaló como una referencia ofensiva del club y un nombre que sigue presente entre los hinchas.
Pititore Cabrera y su etapa goleadora en San Luis
En San Luis de Quillota, Cabrera firmó los años más importantes de su carrera: fue uno de los pilares del equipo que logró el ascenso en 1980, torneo en el que se consolidó como uno de los delanteros más determinantes del plantel.
En ese ciclo integró una delantera que marcó época junto a Jorge “Pindinga” Muñoz y Patricio Yáñez, combinación ofensiva que sostuvo el rendimiento del equipo en la campaña. Su capacidad para definir y su estilo dentro del área lo transformaron en una figura reconocible para el club.
Tras ese paso, continuó su carrera en equipos como Everton, Regional Atacama, Colo Colo, Deportes La Serena y Deportes Concepción, ampliando su recorrido en el fútbol chileno.
La hilarante anécdota de Pititore Cabrera con Clavito Godoy
Hace varios años atrás, Clavito Godoy le dio una entrevista a Pablo Flamm en Código Camarín y contó la anécdota más graciosa en la historia del fútbol chileno con Víctor “Pititore” Cabrera.
“En la década de los 80, Pititore tenía un loro al que le daba pan con vino. Y le enseñó a decir malas palabras. Cada vez que el pájaro me veía, me decía: ¡Clavo culiao, Clavo culiao! (sic). En la semana copiapina nos tocó jugar con Antofagasta y Pititore se hizo el lesionado y perdimos. Pero los periodistas me dijeron que él se había sacado el yeso y había sido goleador en un torneo de Bahía Inglesa”.
“Así que lo fui a buscar a su casa, pero no abría. Entré por la ventana y estaban todos chupando… El loro me vio y empezó a gritar: ¡clavo culiao, clavo culiao! (sic). Me enojé, lo agarré, llevé el loro al baño y tiré la cadena y no se iba. Pasó una semana y tenía decidido echar al Cabrera. Pero me dijeron que no, porque estaba listo para ser vendido a Colo Colo y tuve que aceptar porque con esa plata cobrábamos todos. Volví a la casa de Pititore, y cuando llegué encontré con el loro entablillado y me seguía diciendo: ¡Clavo culiao, clavo culiao! (sic)”, contó Clavito Godoy.