Una curiosa situación se vivió sábado y domingo en el Abierto de Miami, ya que los partidos de Railly Opelka (58° ATP) ante Diego Schwartzmann (24°), y de Elise Mertens (14ª WTA) frente a la checa Marketa Vondrousova (59ª), estuvieron detenidos por el brillo de una ventana aledaña al Hard Rock Stadium, donde se disputa el certamen.

Resulta que a un costado del recinto, que alberga por primera vez el torneo de Miami, hay un edificio, el cual a partir de una determinada hora de la tarde, choca de frente con el sol que azota a la ciudad, lo que provoca que el reflejo impida a los jugadores tener una visión correcta de la pelota y el juego en la cancha “Butch Buchholz”.

Para peor, Mertens terminó perdiendo sorpresivamente el compromiso, algo contrario a lo que le pasó a Opelka, aunque en aquel duelo quien también se quejó fue Schwartzmann, quien no podía entender la negativa del estadounidense a seguir jugando.

Esta es una de las problemáticas que ha tenido que enfrentar el certamen en su nueva ubicación en el condado de Miami Gardens, así como también las felicitaciones que algunos jugadores han expresado sobre la rapidez de las canchas, en comparación a la anterior estación, en la que estaba muy cerca del mar.