Matías González Galindo es un preparador físico chileno con más de una década de trayectoria, que en los últimos años ha llevado su carrera a escenarios impensados para el fútbol sudamericano. Su camino pasó por las divisiones inferiores de Unión Española, en cuerpos técnicos de los primeros equipos de Deportes La Serena, Santiago Wanderers y Deportes Iquique, y experiencias en Bolivia con clubes como Blooming y San José de Oruro.
En agosto de 2024, estando en Unión Española, lo contactó un técnico portugués a través de un amigo brasileño que había jugado en Malta, Arabia y Qatar. En apenas dos semanas ya estaba viajando a Libia. Desde entonces no ha parado: Angola y hoy Arabia Saudita. Todo lo contó en exclusiva a Al Aire Libre.
Libia: el aeropuerto bombardeado que nadie le había contado
Los diez días previos al viaje a Libia, Matías González los pasó buscando en Google y lo que aparecía no era tranquilizador: Gadafi, la guerra civil, el caos. Incluso fue a la embajada a preguntar si las cosas estaban realmente calmadas. Cuando aterrizó, la respuesta llegó por la ventana del avión: “Lo primero que vi fueron aviones sin alas, aviones bombardeados”. El aeropuerto no tenía techo y los cables colgaban a la vista. Con el tiempo supo que ni siquiera era la terminal oficial, sino un aeropuerto militar que usaban mientras reparaban el otro.
Vivía a unos 45 minutos de Trípoli, en una zona comercial al interior donde aún había paredes marcadas por la guerra civil. Pero lo que más lo impactó fue la realidad de las mujeres: van completamente cubiertas y en los vuelos los hombres embarcan primero, sin excepción. “Vi mujeres que, mientras pagaban en un negocio y me veían llegar a mí, se hacían a un lado y agachaban la cabeza para que me atendieran primero”, relató.
Con todo, el chileno encontró gente cálida y una ciudad con historia. “A mí personalmente me trataron muy bien”, reconoció, recordando cómo los locales se acercaban con el traductor de Google para conversar con el sudamericano.
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Angola: la pobreza que te sigue a la playa
El siguiente destino fue Benguela, ciudad portuaria de Angola, donde llegó al Académica Petróleos Clube do Lobito. Antes habían estado cerca de cerrar con el Ittihad de Tánger en Marruecos, con la planificación de pretemporada ya enviada, pero la visa no llegó y el club encontró otras opciones. En Angola la realidad fue brutal: cerca del 68% de la población vive en pobreza y otro 15% en pobreza extrema. El utilero del plantel no tenía celular propio y había que avisarle los horarios de entrenamiento a un número de tercero que usaba un Nokia antiguo.
En las calles la escena se repetía sin parar: niños con ropa rota pidiendo dinero, personas con trabajo formal acercándose al extranjero porque no les alcanzaba para comer: “Estás comprando en el supermercado y se te acerca un niño pidiéndote algo porque tiene hambre, y se te parte el corazón”, describió.
González vivía frente al mar, pero en seis meses fue a la playa solo dos veces: “En Chile, si le dices a alguien que no tienes plata, sigue su camino. Allá no: te quedas tomando un café y se quedan mirándote fijo 15 o 20 minutos”, explicó. “Fue difícil, muy difícil”.
Arabia Saudita: 47 grados, mezquitas a las 4 AM y el respeto por el rezo
Hoy González trabaja en el Al Saqer FC de la Yelo League saudí, en Buraidah, ciudad a 350 kilómetros de Riad. El calor es el primer obstáculo: los entrenamientos se hacen a las 7:30 de la tarde, cuando la temperatura “baja” a 41 grados, pero durante el día el termómetro alcanza los 47.
“Corre un viento caliente que te quema la nariz por dentro y te seca”, describió. La percepción de esfuerzo cambia radicalmente: un ejercicio que en Sudamérica sería un 6 sobre 10, en Arabia se siente como un 8, lo que obligó a extender el período de adaptación más allá de lo habitual. En el primer amistoso, jugado a las 7:30 de la tarde, había 42 grados.
El otro desafío es invisible pero igual de exigente: los cinco rezos diarios del islam son ley y el fútbol no puede saltárselos. A las 4 de la mañana, los parlantes de las mezquitas de toda la ciudad suenan simultáneamente, con un primer llamado y luego el rezo en sí. “No se puede modificar un entrenamiento o cualquier cosa por un rezo, el rezo está primero“, fue categórico. Los horarios de llegada a los partidos también se ajustaron, llegando con 1 hora 45 o 50 minutos de anticipación en vez de la hora habitual, para no afectar la charla técnica ni el calentamiento.
Pese a todo, González destaca el cariño de la gente en los tres destinos. En Arabia, apenas saben que es chileno, reconocen de inmediato a Arturo Vidal, Iván Zamorano, Elías Figueroa y Alexis Sánchez, nombres que abrieron puertas en todos los países donde trabajó. “Me llamó la atención que reconozcan incluso a un defensor central como Elías Figueroa“, admitió.
Mañana viaja a El Cairo para casi tres semanas de pretemporada en Egipto. Otro país, otro desafío, otra historia que contar. Para Matías González, el preparador físico que salió de las divisiones menores de Unión Española y terminó entrenando donde pocos se atreven, el mundo árabe ya no es un destino exótico. Es su oficina.
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