Ya ganó todo lo que había para ganar. Lionel Messi llegó al Mundial 2026 sin deudas pendientes con el fútbol: campeón del mundo en Qatar 2022 tras una final épica ante Francia que terminó 3-3 y se definió por penales, campeón de América, ganador de la Finalissima y dueño de prácticamente todos los récords históricos del deporte más popular del planeta. Sin embargo, el astro del Inter Miami decidió que quería una última función bajo los reflectores del torneo más grande del mundo.
Con 39 años a cuestas, Messi sabe que este será su adiós al escenario mundialista. Y también sabe que el mundo entero estará mirando cada uno de sus pasos en el torneo que se disputará entre México, Estados Unidos y Canadá.
El hombre que rompió todos los récords
Los números de Messi desafían la razón. Es el máximo goleador de la historia de las Copas del Mundo con 13 goles en torneos principales, superando a figuras como Ronaldo, Miroslav Klose y Gerd Müller. Ha conquistado ocho Balones de Oro, una cifra que parece sacada de un videojuego, y lleva más de 800 goles en su carrera profesional sumando clubes y selección.
Con la camiseta de Argentina, Messi logró lo que durante años parecía imposible: unir al país detrás de un solo nombre. La Copa América 2021, la Finalissima 2022 y el Mundial de Qatar conforman una trilogía de títulos con la Albiceleste que cerró definitivamente el único debate que quedaba pendiente sobre su grandeza. Hoy, en Argentina, su figura ya es comparable a la de Diego Maradona, el otro gran ídolo de una nación que vive el fútbol como una religión.
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La resiliencia: tres finales perdidas antes de la gloria
Lo que hace único a Messi no son solo los títulos. Es el camino que recorrió para conseguirlos. Antes de levantar la Copa del Mundo en Qatar 2022, el rosarino acumuló tres finales perdidas con Argentina: el Mundial de Brasil 2014 ante la misma Alemania que se lo negó en el último minuto, y las Copa América de 2015 y 2016, donde Chile —con jugadores que hoy militan en el fútbol local— lo derrotó en tanda de penales.
Esa capacidad de levantarse, de volver a intentarlo, de cargar con la presión de una selección entera en sus espaldas durante más de una década, es lo que convierte a Messi en un símbolo de resiliencia deportiva que va mucho más allá de las estadísticas. Llegar al tercer Mundial consecutivo de la Albiceleste como campeón reinante, con 39 años, ya es en sí mismo un mensaje al mundo del fútbol.
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Argentina defiende el título con Messi a la cabeza
La Albiceleste llega al Mundial 2026 en la piel del campeón, con el número 10 en la espalda de su figura más grande y la obligación de demostrar que el título de Qatar no fue un punto de llegada sino uno de partida. El equipo de Scaloni ha mantenido una base sólida desde Qatar 2022 y suma en sus filas a la generación más ganadora del fútbol argentino en décadas.
Si Argentina defiende el título en 2026, Messi cerraría su carrera mundialista con dos coronas, un récord de goles y un legado absolutamente inigualable. Pero incluso si la Albiceleste no llega a la final, el simple hecho de verlo jugar su último Mundial a pleno rendimiento —con 39 años, en territorio americano donde los aficionados lo idolatran— será uno de los grandes privilegios que ofrecerá el torneo.
El legado que trasciende los títulos
Messi no necesita ganar en 2026 para confirmar que es el mejor de la historia. Ese debate ya está cerrado. Lo que este Mundial representa para él es algo más íntimo y más poderoso: la oportunidad de despedirse del escenario que lo vio llorar de frustración en 2014 y gritar de alegría en 2022, frente a millones de personas que crecieron viéndolo jugar y que nunca volverán a ver a alguien igual.
El legado de Lionel Messi es, en definitiva, el de un ser humano que eligió seguir intentándolo cuando hubiera sido más fácil rendirse, y que demostró que la perseverancia tiene recompensa. Eso no lo borra ningún resultado en el Mundial 2026.