Por primera vez en la historia, la Copa del Mundo cambia de manera radical su estructura. El torneo que se jugará entre México, Estados Unidos y Canadá a partir del 11 de junio no solo agranda su nómina de participantes de 32 a 48 selecciones, sino que transforma completamente la lógica competitiva que había gobernado el fútbol mundial desde 1998. En total, se disputarán 104 partidos en apenas 39 días, un 62.5% más que en las ediciones anteriores, lo que convierte al Mundial 2026 en el torneo más extenso y exigente de la historia de la Copa del Mundo.

El cambio no es solo numérico. El nuevo formato abre puertas que antes estaban cerradas para selecciones de Asia, África y Oceanía, regiones que históricamente han tenido cupos más limitados en el torneo más popular del planeta.

Para entender bien cómo funciona este nuevo sistema, hay que desmenuzar cada etapa del torneo.

La fase de grupos: 12 llaves de cuatro equipos

Las 48 selecciones se distribuyen en 12 grupos de cuatro equipos, donde cada selección disputa tres partidos en formato round-robin. Hasta aquí, la lógica es familiar: un equipo puede ganar, empatar o perder sus tres encuentros y el resultado final determina su posición dentro del grupo.

En total se juegan 72 partidos solo en la fase de grupos, exactamente un 50% más que en el formato anterior. Esto significa que durante las primeras semanas del torneo habrá prácticamente tres o cuatro partidos diarios, un festín futbolístico que para el aficionado es puro disfrute pero que para los organizadores y los equipos implica una logística sin precedentes.

¿Quienes avanzan a los dieciseisavos de final del Mundial 2026?

Aquí está la clave del nuevo sistema. Avanzan a la siguiente ronda los dos primeros de cada grupo —24 equipos en total— más los ocho mejores terceros de entre los doce posibles. Eso da un total de 32 clasificados para la primera fase eliminatoria.

El mecanismo para determinar cuáles son los ocho mejores terceros es el mismo que se usó en el Mundial de Francia 1998 y en la Eurocopa: una tabla comparativa que considera puntos, diferencia de goles, goles a favor y fair play. Esto significa que el 66.7% de los equipos que terminen terceros en su grupo lograrán clasificar, lo que transforma completamente la psicología de los partidos. Ningún equipo queda eliminado por perder un partido: hay margen para fallar y recuperarse, algo impensable en el formato anterior.

NS – Photo + Badge – Email (32)
Infantino cambió las reglas para siempre | © Imago

La fase eliminatoria: una ronda extra que lo cambia todo

La gran novedad en la fase eliminatoria es que ahora comienza con una Ronda de 32, algo que no existía antes. Los 32 clasificados se enfrentan en partidos de ida y vuelta única, eliminación directa, y los 16 ganadores avanzan a los octavos de final. A partir de ahí, el formato es el clásico: cuartos, semifinales, tercer lugar y la gran final.

Esta ronda adicional no es un detalle menor. Significa que un equipo que quiera ganar el Mundial deberá disputar siete partidos en lugar de los seis anteriores, lo que exige mayor profundidad de plantel y una gestión táctica y física mucho más sofisticada por parte de los cuerpos técnicos.

El impacto real en los equipos

El salto de 64 a 104 partidos en 39 días tiene consecuencias directas. Los equipos con menos talento en el banco de suplentes serán los más perjudicados por el desgaste físico acumulado. En cambio, las selecciones con plantillas largas y versátiles —como Francia, España, Brasil o Argentina— tienen una ventaja estructural en este nuevo formato.

Para las selecciones de menor tradición, el mensaje es esperanzador: hay más partidos, más oportunidades y más margen de error. Pero también hay más rivales de nivel, y el calendario apretado no perdona a los equipos que lleguen sin rodaje suficiente. La historia de Sudáfrica, que no pudo ni abordar su vuelo a México por problemas de visado, es el ejemplo perfecto de lo que no hay que hacer en la previa de un torneo donde cada día de preparación vale oro.