La columna de Manfred Schwager: Buenos modales

El periodista de Al Aire Libre en Cooperativa comenta lo vivido por Russell Westbrook en la NBA.

Foto: EFE La columna de Manfred Schwager: Buenos modales

Qué difícil es reaccionar bien. Cuando te molestan, hostigan, no te dejan hacer tu trabajo tranquilo, tener la capacidad, la paciencia y la sabiduría para analizar la situación y entregar la mejor respuesta posible. Vaya que es difícil.

Bien puede decirlo Russell Westbrook. El base de Oklahoma ha estado envuelto en un par de episodios desagradables con hinchas en las últimas semanas, lo que ha servido como un recordatorio para la liga y los espectadores sobre el correcto comportamiento en la cancha.

El primero de ellos ocurrió a fines de febrero, cuando en la visita de los Thunder a Denver un niño, ubicado en la primera fila de asientos, aprovechó una pausa en el juego para tocar en el brazo a Westbrook.

Si ya es riesgoso ubicarse en los bordes de la cancha, este caso es más complejo, ya que el menor sigue la jugada de pie y más cerca de la línea lateral que el resto del público. Afortunadamente para él, nadie le cayó encima.

Cuando el niño toca a Westbrook, el jugador se da vuelta, lo mira fijamente por cinco segundos, y toma la mejor decisión posible: se acerca y le recuerda que no puede estar molestando a los jugadores, y a sus padres que son ellos los responsables de la seguridad del menor.

Luego el jugador se referiría a este incidente, recordando que muchas veces los hinchas se salen con la suya cuando molestan a alguien, mientras que los jugadores son siempre observados en sus reacciones, y castigados cuando traspasan el reglamento de conducta de la liga.

Una advertencia premonitoria, ya que dos semanas después el propio Westbrook se vería envuelto en otro altercado con hinchas, esta vez en Utah.

Un par de espectadores comenzó a gritarle al jugador mientras estaba sentado en la banca de su equipo. "Ponte de rodillas como acostumbras" fue uno de los insultos, con un tinte racista que sacó de sus casillas a Westbrook.

Esta vez el base optó por confrontar a los hinchas, amenazando con que "se encargaría de ellos". Al jugador esta reacción le costó 25 mil dólares de sanción, mientras que el espectador que comenzó todo este lío fue vetado de por vida de cualquier actividad que se desarrolle en el gimnasio de los Jazz.

Si bien la NBA le recordó a las franquicias su deber con la seguridad de todos los presentes en cada partido, estas desagradables situaciones han puesto nuevamente en discusión lo laxa de las medidas existentes hacia los espectadores que no cumplan con el comportamiento mínimo requerido.

Incluso los mismos jugadores lo han dicho: entienden los abucheos y los intentos por desconcentrarlos, pero hay un límite que debe ser reforzado con urgencia. En especial si se considera el contexto en que se juega actualmente en Estados Unidos.

Uno de los atractivos de este deporte es la cercanía con los hinchas. La solución no está en poner rejas ni fosos, sino en educar a todos los involucrados y, especialmente, en proteger a los protagonistas del espectáculo. Nadie quiere que se repita el infame episodio entre Indiana y Detroit en 2004.