La columna de Aldo Schiappacasse: Camiseta cruzada, chaqueta blanca

El periodista de Al Aire Libre recordó la trayectoria del fallecido Alberto Fouillioux.

La columna de Aldo Schiappacasse: Camiseta cruzada, chaqueta blanca

Por Aldo Schiappacasse, @AldoRomuloS

Tito volvió a Chile desde el Lille en 1975 porque tenía claro su destino. Iba a ayudar a la Universidad Católica -el cuadro de toda su vida, con el que fue campeón y jugó la Libertadores – a salir de la Segunda División. Al término de la temporada, con el objetivo logrado, alzando la última copa de su carrera, se retiró convertido en leyenda.

Hizo el camino completo Alberto Fouillioux. Jugó dos mundiales, fue el mejor futbolista chileno en varias temporadas, emigró a Europa cuando sólo los más talentosos lograban un cupo, triunfó en Francia y retornó para convertirse en entrenador. A diferencia de muchos grandes, su labor estuvo marcada por la formación, logrando en la UC promover a toda una generación de jugadores. Fue también, durante un breve período, director técnico de Colo Colo y Huachipato.

Toda una generación lo conoció como comentarista de Canal 13, donde supo amalgamar sus conocimientos futboleros con un notable sentido del espectáculo. En 1986, transmitiendo un mundial desde Chile, se integró a "Bienvenidos", un programa de conversación donde por primera vez aparecían los políticos en pantalla después del Golpe de Estado, y en el cual la gente del espectáculo comentaba los ecos de la jornada. Fouillioux desplegó entonces una buena cuota de humor y una tarea singular: presentaba la memorabilia del certamen con aplomo y simpatía.

En pantalla fue comentarista pero también relator. Presentador de programas y analista duro, porque, tal como sucedía en su época de jugador, lo suyo era la versatilidad. Solía quejarse de lo mal que le escribían el apellido en una era de periodismo con poco rigor y lamentaba la rigidez en los orígenes de su carrera, cuando le dedicaron una canción que llevaría su nombre, pero que ante su negativa se conocería sólo como "Tito mi amor".

El primer ídolo transversal del fútbol chileno, impresionaba por su talento, sus goles, su velocidad, pero también fue vital para llevar al público femenino a los estadios, compitiendo contra la Nueva Ola por las calcetineras. Uno de los primeros futbolistas que tenía estudios universitarios y que supo marcar diferencia fuera de la cancha.

Vivió sus últimos años con la amargura del olvido. Postergado y enfermo, se distanció de su club y de su casa televisiva, pero jamás del sentimiento de la gente, que lo premió siempre por su condición de ídolo. Se fue como le habría gustado: en medio de la fiesta del fútbol, acunado en el grito inacabable del gol.