La columna de José Arnaldo Pérez: ¿Al debe?

Revisa la opinión de nuestro periodista con respecto a la década que se acaba.

La columna de José Arnaldo Pérez: ¿Al debe?

Más allá de puntos de vista, en lo particular sostengo que con el fin del 2019 se termina la década, y de paso la quinta parte de este siglo XXI. En lo relacionado con el deporte se van diez años que nos han brindado de todo, pero que no se acercaron a los que se obtuvo durante el primer decenio de la centuria.

En este período, al irse de inmediato a las grandes ligas, hubo dos Juegos Olímpicos –Londres y Río de Janeiro- y en ninguno de ellos se logró medallas, a diferencia del tramo anterior, donde en cada uno de ellos se hizo podio.

El fútbol en Sidney, el tenis por partida triple en Atenas, y con dos inéditos oros, que después repitió con una presea de plata en Beijing. Si se ve de este modo, quedamos en deuda. Y los nuestros, más aún se alejaron de los grandes referentes del deporte a nivel mundial.

Más preocupante aún es el espacio que cedieron las grandes disciplinas. El atletismo y la natación están muy distanciados de los principales exponentes. Sólo en el cierre de este período comienzan a observarse algunos que nos llevan a ilusionarnos. Pero que aún están en proceso de crecimiento.

No en vano Kristel Köbrich siguió tan vigente como antes, y nadie le hizo sombra. Al debe en todo aspecto, ya que ella viene llenándonos de alegrías desde los Odesur del 2002, y en 18 años algo debió hacerse mal para no lograr nuevos cultores de élite. El gran entrenador Rodrigo Bañados, a quien debieran escuchar más, ya lo advertía hace mucho tiempo. Y no lo oyeron.

En el atletismo Gabriel Kehr y Humberto Mancilla lograron un maravilloso un-dos en los Panamericanos de Lima en el lanzamiento del Martillo. Pero son situaciones excepcionales, ya que los golpes han sido incluso dolorosos, como el positivo de Natalia Duco que apuntaba a ser la mejor de la década, sin que alguien la pudiera desbancar en Sudamérica, pero todo se despedazó y adiós al sueño olímpico de Tokio.

Lo peor ocurrió con la pugna del Maratón Internacional de Santiago, donde la Federación acusa apropiación indebida de parte de ex dirigentes. Y aún cuando crece y crece el número de interesados la categorización de la prueba, que pudo llegar a un nivel de excepción internacional, terminó sin el reconocimiento por parte del IAAF.

Increíblemente, este interés -y feliz moda- por el pedestrismo no ha sido aprovechado, y los clubes de running que proliferan no han trasvasijado esos aficionados al deporte de alta competencia, siendo un desperdicio lamentable. Así, Chile está hoy sin velocistas ni fondistas que aspiren a ser top a nivel planetario.

No hay que ser injustos con quienes sí han sobresalido como Bárbara Riveros y Tomás González, por nombrar algunos, auque también son hijos de la década anterior, durante este período han sido los máximos estandartes en disciplinas ultracompetitivas y son las excepciones que concitan el respeto de sus pares a nivel mundial.

También hay que mencionar otras actividades que se abren paso y aquellas que se consolidan. El canotaje, el esquí náutico y el remo son algunas de ellas. Y sobre todo en el caso de esta última están cifrados los sueños de triunfo y las esperanzas.

Los deportes que gozaron de un feliz crecimiento son los colectivos: el balonmano, el vóleibol, hockey césped y el básquetbol despertaron de una inentendible postergación. Procesos bien llevados nos hicieron ver lugares, trofeos y hazañas que hace poco tiempo eran imposibles de imaginar.

El rugby tiene una extraña ambivalencia, mientras en el "siete" se evolucionó, lo del "quince" terminó siendo insultante. En el 2002 se estuvo a un paso de ir al Mundial de Australia, y en la actualidad en la Liga Americana el permanente último lugar ofende. Las ayudas en pos de la profesionalización que comienzan deben levantar el nivel de la "ovalada".

Están los que se resisten a morir. El boxeo es el caso emblemático. Hace no más de cincuenta años era incluso el deporte más popular del país y hoy sus practicantes deben pelear más duro fuera del ring que arriba de la lona para que "el más noble de los deportes" no desaparezca.

Y como es tan propio de caprichos de la naturaleza tenemos esos casos que nos regalan talentosos, que no son producto de planificación alguna. Joaquín Niemann en el golf es el caso más sobresaliente. En un solo año alcanzó lo que nadie anes había hecho.

Pero cuando una década termina, junto a un ligero balance inicial que precisa luego mayor profundización, también se debe proyectar a lo que viene.

Allí tenemos una tarea enorme con los Juegos Panamericanos, partiendo por tomar lecciones en lo organizativo, porque los Odesur del 2014 no fueron todo lo buenos que se dice con enfermiza autocomplacencia.

Los manejos poco felices de los recursos que terminaron casi en escándalo llevaron a reformular la frase que Chile es ejemplo de hacer bien los eventos. Nada de eso. Ese es un mensaje para la actual ministra, porque tendrá por misión llevar a cabo el proceso de Santiago 2023. Y Cecilia Pérez que viene de la esfera netamente política, y que despierta muchas interrogantes entre los atletas, debe sufrir una transformación: demostrar que es amante del deporte.

En lo fundamental, la labor apunta a que los recintos deben estar a la altura, que los participantes tengan la mejor preparación posible, que no puede haber duda alguna en los dineros invertidos, que la logística debe ser licitada y no asignada, que en los equipos de trabajo se busque a los mejores y no se llene cuotas partidistas, y que los espectadores tengan las comodidades respectivas. De lo contrario, quedaremos al debe.