La columna de José Arnaldo Pérez: La Bandera, el escudo y los campeones

Revisa el análisis polideportivo del periodista de Al Aire Libre en Cooperativa.

Foto: @odesurmedia La columna de José Arnaldo Pérez: La Bandera, el escudo y los campeones

De forma muy sucinta, y casi burda, en una pequeña mirada histórica el hombre se agrupó en clanes, luego formó tribus. Las distintas situaciones atmosféricas y económicas llevaron a buscar los mejores lugares para asentarse, así se generó un lazo de amor y agradecimiento a esa tierra, que llevó a identificarse con ella y defenderla. El surgimiento, con el paso del tiempo, de las naciones, por las más diversas situaciones, y su posterior evolución nos tiene en la actualidad con más de 200 países en el planeta. Aunque desde hace un tiempo la globalización nos tiene más conectados no por ello se pierde el apego a la bandera, y las justas deportivas son una de las formas de representarla y brindarle victorias.

Así es, porque desde tiempos remotos se han desarrollado competencias entre distintas tribus, ciudades o países. Se escogía al mejor representante para cada disciplina, y ellos se convertían en el escudo mismo de cada localidad. El triunfo era premiado erigiendo al vencedor a sitiales casi divinos, y el perdedor muchas veces debía convivir con la deshonra. Al mismo tiempo lo que esos representantes hicieran llevaba a que se formara una idea generalizada –aunque pudiera ser errónea- que los otros compatriotas eran iguales. Por esa circunstancia se comenzó a buscar aquellos que junto con ser destacados deportistas fueran personas intachables, con la finalidad que como abanderado fuera un orgullo para sus compatriotas y motivo de admiración de los adversarios.

Los abanderados de Chile han sido de las más diversas disciplinas, en el último tiempo podemos hablar de tenistas, atletas, gimnastas y nadadores. Pero ese comportamiento inmaculado no siempre fue correspondido por el portador. Sin ir más lejos es recordada la renuncia que realizó Marcelo Ríos el mismo día del desfile inaugural en los Juegos Olímpicos de Sídney, ya que no estaban todas las entradas que había solicitado para sus cercanos. Nicolás Massú no tuvo problemas en tomar ese emblema despreciado por el que fuera número uno del mundo. Los "dioses del olimpo" quizás por eso mismo lo premiaron en la edición siguiente de los Juegos en Atenas con dos medallas de oro.

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Pero está el caso inverso, aquellos que habiendo logrado triunfos, impactantes, pero ni tan relevantes después de todo, ya que haciendo el paralelo es sólo un oro sudamericano y otro panamericano, estando lejos de un podio olímpico o mundial, independiente que su deporte, el fútbol, sea el más popular del mundo. El ser referente, o capitán, lleva aparejada obligaciones, y lanzar un objeto cargado de saliva al que te grita te sitúa en la escala más baja de la humanidad. Más raro cuando en su condición de deportista también utiliza el insulto secreto a su adversario, a fin de sacarlo del partido, y que es justificado como parte de la viveza. Extraño que lo que tú haces a otro no merece repudio, pero si te lo grita la masa anónima da pie a la más reprochable de las reacciones. Por eso no debe ser considerado como una salida de madre que todos podemos cometer, porque Gary Medel convive con esas situaciones.

Por suerte hay más competencias. En Lima a fines de julio se comenzarán a disputar los Juegos Panamericanos, y en La Moneda el Presidente de la República entregó la bandera que defenderán los casi 400 deportistas, y allí Felipe Miranda y Alberto Abarza, felices y con sano orgullo agradecieron se depositara el emblema que tantas veces han defendido, llevando el escudo de Chile en el pecho, siendo –hasta ahora, y ojalá así siga siendo- ejemplos de intachabilidad. Abarza superando con creces no sólo a sus adversarios si no también su minusvalía. Miranda, en tanto, tuvo que abrir camino para un deporte que tenía poco apoyo. Ambos llenos de alegría serán la cara visible, y se lo merecen porque han sido número uno de Sudamérica, América e incluso del mundo. Tal cual como Valentina González que sin pechear a nadie en Canadá se convirtió en campeona planetaria sub 21 del esquí náutico en salto y dejó a la bandera en lo más alto.