La columna de Pelotazo: El cambio de Rueda

Hay números que dejan al colombiano en mejor condición que sus dos antecesores en Copa América.

La columna de Pelotazo: El cambio de Rueda
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Quince partidos al mando de la Roja: 13 amistosos y dos encuentros por los puntos. Y como un sector dice que los amistosos no cuentan, hacemos el ejercicio y quedamos en 180 minutos de Copa América. Dos victorias, seis goles a favor y uno en contra.

Han sido dos partidos trabajados, donde el marcador ante Japón da la sensación de un paseo, pero que no fue así ya que el rival tuvo sus chances desaprovechadas. A su vez ante Ecuador se vio un encuentro trabado, principalmente por el juego brusco planteado por el rival, sin embargo, hubo lucidez para concretar las pocas opciones que se tuvieron.

Hay algo en común en esos dos partidos y es algo que diferencia a este Chile con los de 2015 y 2016. A falta de dos partidos para el cierre de la fase de grupos, los dirigidos de Reinaldo Rueda son la selección con mayor efectividad ante el arco rival. Se cuentan 10 tiros a portería y 6 festejos, lo que da un 60 por ciento. El más cercano perseguidor es Brasil con 53 por ciento.

En la Copa América 2015, tras dos duelos disputados, la efectividad de los pupilos de Jorge Sampaoli era del 46 por ciento. Y en la edición 2016, con los mismos dos encuentros jugados, los dirigidos de Juan Antonio Pizzi sumaban un 19 por ciento, siendo la tercera peor selección del torneo en ese ítem (esa vez fueron 16 participantes).

Lo importante no es cómo se empieza, sino cómo se termina dirá alguien, más en estos casos donde Chile terminó levantando la copa. Es cierto, pero este cambio que muestra el equipo ahora es la mejor forma de reflejar lo que el colombiano quiere o que ha dicho que quiere.

El DT ha manifestado que lo que importa es el resultado y que los jugadores no pueden jugar como hace 10 años porque no son los mismos. Teniendo esas dos ideas como patrones, en la Copa América el caleño ha sido consecuente con ese discurso.

No es un equipo que haga presión alta, no es un equipo que corra por toda la cancha. Es un equipo que busca ganar, que se genera menos chances de gol que en procesos anteriores, pero que aprovecha mejor las ocasiones. Y una vez que el resultado sirve, se hacen los cambios necesarios para mantener esa ventaja.

Ante Ecuador fue evidente. Las tres sustituciones fueron para defender el resultado, corrió el riesgo y le resultó. Sólo queda la duda de cómo reaccionará el equipo cuando comience perdiendo, ojalá no se pase nunca, pero si pasa, cómo enfrentará ese desafío donde ya no habrá que manejar un marcador, sino darlo vuelta.

Volviendo a la efectividad, hay otra cosa que favorece al Chile de Rueda en relación a las dos Copas América anteriores. En 2015 la Roja en dos encuentros tiró 11 veces al arco y logró 5 goles. En 2016 fueron 16 lanzamientos y 3 tantos. O sea, en 2019 ha tenido menos tiros al arco (10) y logró ganar los dos primeros partidos, cosa que no pasaba desde 2001.

Por ahora el plan del colombiano está resultando y en gran medida se debe a que cuenta con grandes individualidades como Charles Aránguiz, Arturo Vidal, Eduardo Vargas y Alexis Sánchez. Jugadores como ellos jamás los iba a encontrar en el recambio. Lo mismo pasa con Gary Medel, Mauricio Isla, Jean Beausejour y José Pedro Fuenzalida.

Al final el año y medio de trabajo sirvió para comprender que Chile prácticamente no tiene banca; que si hubo malos resultados fue porque alcanzaron a toparse poco y nada en cancha la mayoría de los jugadores ya mencionados; y que Gabriel Arias, Guillermo Maripán y Erick Pulgar son los tres futbolistas que más méritos mostraron para ser completar la oncena titular.