La columna de Pelotazo: El ejemplo de Garín

El tenista chileno ganó su segundo título y ha tenido un cambio clave.

La columna de Pelotazo: El ejemplo de Garín
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Porque la vida no es sólo fútbol, vamos con tenis. Es que Cristián Garín lo merece. Su 2019 ha sido una evolución y un ejemplo para todos.

Cuando en abril del año pasado Chile perdió con Argentina en Copa Davis gran parte de las críticas, sino todas, fueron hacia el tenista de 22 años. Que se perdía en la cancha, que regalaba partidos, que no tenía nivel.

Probablemente esas opiniones le llegaron al tenista, como a cualquiera le pueden caer las críticas. El tema es qué hace uno ante eso. Las obvia, las toma y las rechaza, o las toma y le terminan afectando.

Desconozco qué camino tomó Garín, pero lo cierto es que en este nuevo año se ha visto otro jugador. Un deportista que refleja tranquilidad y paciencia, que son cosas distintas. Lo primero es: el estado de paz y armonía para afrontar los desafíos. Lo segundo es: la capacidad de sufrir y tolerar desgracias y adversidades con fortaleza, sin quejarse, ni rebelarse.

Será gracias a su madurez personal, al apoyo de la familia o al trabajo de su cuerpo técnico, lo que sea, pero hubo algo favorable que le está dando resultados.

En poco más de cuatro meses ha jugado tres finales ATP, de las cuales ganó dos, y mostrando un cambio clave en su cabeza.

Vamos a la final que ganó recién en Munich. Un partido que parecía paliza en el primer set y que se emparejó en el segundo.

Ya en el tercero quebró en el momento justo para servir por el título y uno pensó: ahora lo gana. Y le quebraron de vuelta. Ahí uno pensó: ahora lo pierde. Y se fue al tiebreak. Parecía que Matteo Berrattini llegaba en mejor pie (y mano) a la definición y el chileno ganó 7-1. Pareció un paleteo de playa, con un jugador suelto, como si no estuviera definiendo nada.

Ese trabajo en la "azotea" tiene hoy al tenista nacional entre los 35 mejores del mundo y con la expectativa de seguir subiendo en el ranking mundial.

No le pega distinto, sigue arriesgando con golpes pegados a las líneas. No ha cambiado el saque, no tiene un tiro potente como otros que ganan puntos y juegos de esa forma. A través de los ace. Eso sin duda se puede perfeccionar, pero hoy no es lo que lo tiene ascendiendo.

Es su manera de encarar los partidos. No se va abajo cuando no le salen las cosas y no se confía cuando sí le salen. Eso es un mensaje para el rival, ya que aunque le vaya ganando no siente que lo domina.

Berrattini ganó tres juegos seguidos en cero en el tercer set, pero Garín también ganaba los suyos, aunque le costara. Hacía la pega, a su manera. Así llegó al desempate y levantó su segundo trofeo.

"Por supuesto que necesito seguir mejorando, este es sólo el comienzo", manifestó el chileno tras la final ante al italiano.

Otra clave, que aunque ganes, nunca creas que está todo bien.

Es ese cambio y ese pensamiento de Garín que hoy sirve de ejemplo para todos. ¿Se puede cambiar? Sí. ¿Se puede mejorar? También. Todo está en la cabeza y en las ganas de salir adelante.

Él quiso y está teniendo recompensa.