Columna de Aldo Schiappacasse: No es el cuco, pero...

Revisa este artículo del comentarista de Al Aire Libre en Cooperativa.

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Cristiano Ronaldo siempre parece preparado para el primer plano televisivo. No sólo por una gestualidad desarrollada y perfeccionada, sino por cada detalle de un rostro que parece de porcelana. O de cera. Todas sus estatuas y esculturas parecen, por eso, falsas, porque Cristiano Ronaldo es la mejor representación de si mismo, en acción, pero sobre todo en el congelamiento.

Futbolísticamente es un monstruo. La descripción, si es que cabe, sale simple. Tiene 32 años, mide un metro 85, pesa 80 kilos y tiene casi tantas calugas como Alexis Sánchez, con quien comparte el proverbial placer de sacarse la camiseta a la menor provocación.

Suma 859 partidos y 604 goles, siendo el máximo anotador de Portugal y el Real Madrid en la historia. Ha jugado tres Mundiales, ganó la Eurocopa (y fue finalista el 2004), cuatro veces el Balón de Oro, cuatro Liga de Campeones, tres Mundiales de Clubes, tres ligas de Inglaterra y dos de España. Le ha convertido 12 goles a Claudio Bravo.

Es líder en el ranking Forbes 2017 ganando 93 millones de dólares, superando a LeBron James. Por lo mismo tiene problemas de impuestos en España, donde dicen que adeuda más de 15 millones de euros por derechos de imagen, lo que le podría significar dejar Real Madrid porque no se sintió respaldado en su lucha judicial.

Pololeó cuatro años con la modelo rusa Irina Shayk, su actual novia sería la española Georgina Rodríguez y la prensa ha tenido tema de sobra en las últimas semanas. Dicen que una pareja suya tuvo mellizos en California, que se unirían en su extraña familia a Cristiano Ronaldo Jr, su hijo de siete años que vive con él y que nunca conoció y jamás conocerá a su madre, por un arreglo contractual.

El documental que recrea su vida, incluyendo los recuerdos de su padre alcohólico fallecido en el 2005, lo muestran en una faceta desconocida. La imagen de Cristiano tomando desayuno con su hijo en una casa solitaria, fría, modular y espaciosa es de antología, al igual que cuando lo va a dejar al colegio con la confesa pretensión de que nadie lo salude en el trayecto desde al auto hasta la puerta. Cristiano Jr. Le dice que quiere ser arquero y él lo reta, cariñoso, en broma. Y juegan juntos a averiguar cuál de los autos es el que falta en el inmenso y millonario garaje.

Cristiano Ronaldo no es Portugal, como dice Arturo Vidal. Tampoco el cuco. Pero lo parece. Una historia que no es nueva, porque Chile ya supo neutralizar, dos veces seguidas en dos finales distintas, a otro cuco que tiene cara de ángel y una leyenda de fracasos a sus espaldas. De eso se trata el fútbol, a la larga. De un equipo luchando contra otro, que algunas veces, tiene un monstruo en sus filas.