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La columna de Aldo Schiappacasse: Nicanor Parra quería que lo velaran con zapatos de fútbol

"¿Y por qué tendría que explicarlo?", le dijo el antipoeta al comentarista de Cooperativa en 2008.

La columna de Aldo Schiappacasse: Nicanor Parra quería que lo velaran con zapatos de fútbol
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"¿Y por qué tendría que explicarlo? ¿O siquiera decirle el por qué? Yo, como los ingleses, gente que carraspea siempre antes de contestar, le tendría que decir lo que le dicen ellos a los periodistas que se meten en lo que no les importa: Antropófagos!!!".

Así me contestó, una mañana soleada de octubre el 2008 en el balneario de Las Cruces, cuando osé preguntarle por qué quería que lo velaran con zapatos de fútbol. Nicanor Parra, ladino y esquivo, eludió todas las preguntas de fútbol. "En el Barros Arana, donde estudié, nos dividíamos en dos en los recreos. Estaban los atenienses, apenas unos dos o tres, que éramos los intelectuales. Y estaban los espartanos, que solían jugar largas pichangas donde abundaban las patadas".

Dicen que era de la Unión Española, pero me contestó con otro laberinto: ¿Y por qué tendría que serlo? Los españoles llegaron para llevarse lo mejor que teníamos”. ¿Y es verdad que quería ser capitán de Colo Colo?, le deslicé en una charla que iba por los olores de Nueva York y el origen de "El hombre imaginario". Antropófago, me espetó con desprecio.

"Página deportiva" se llamó su poema que fue, en rigor, parte del discurso de agradecimiento por el grado de Doctor Honoris Causa que le confirió la Universidad de Concepción en 1996:

"Para meter un gol de mediacancha/hay que ser un filósofo natural/en toda le extensión de la palabra./ Preferible que las patadas se las den a la pelota/ antes que se las den entre ellos mismos/ Hay que ponerse en órbita compadre/ este es un país de pelotaris./ Hágase futbolista/ de lo contrario no le dan pelota".

A don Nicanor le gustaba el boxeo, y se reía recordando las excesivas bromas de "El Burro", que se apostaba en las galerías para alegrar los combates aburridos. Dice -dijo- que le gustaban los elegantes por sobre los maceteados. Y nombró a algunos que pidió, entonces, hace diez años, no publicar. Godfrey Stevens, Fernandito y el "Mono" Gatica, los digo ahora.

Pero la incógnita sigue siendo la misma. ¿Pidió que lo velaran con los zapatos puestos?

"Vélenme con los siguientes objetos. Un par de zapatos de fútbol, una bacinica floreada, mis gafas negras para manejar, un ejemplar de la sagrada Biblia".

Lo puso en "Las últimas instrucciones". Y espero, fervientemente, que le cumplan.

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