La columna de Rodrigo Goldberg: Hay más de un villano

El comentarista de Al Aire Libre dio su punto de vista sobre el fracaso de la Sub 20.

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El Sudamericano Sub 20 se sigue jugando en Chile, pero claramente ya no tiene la misma relevancia, porque mientras Venezuela sigue sorprendiendo, nosotros tenemos que mascar la rabia y buscar razones, algunas evidentes y otras más ocultas.

La gran mayoría ha identificado al villano culpable de la debacle y lo fácil es seguir pegándole a Héctor Robles. De hecho, mucha responsabilidad tiene. Pero no es el único. Es más, me atrevo a asegurar que ningún otro entrenador hubiera sido capaz de virar a esta selección.

Me explico.

El problema de las selecciones menores es más de estructura que de nombres. Ciertamente podría haber nominado más jugadores de Everton (bicampeón de la categoría), por ejemplo, como también es cierto que la ausencia de Ignacio Saavedra y Nicolás Guerra fueron muy importantes.

Pero hay otras consideraciones más profundas y poco tangibles que, precisamente por ser invisibles, no se abordan y terminan siendo determinantes a esta edad.

Humildemente me atrevo a postular algunas de éstas.

Competitividad local

Es conocida la escasa competitividad del torneo de cadetes. La sub 20 de cualquier equipo juega con suerte 4 ó 5 partidos duros al año. El resto nada.

Una de las medidas de la administración de Sergio Jadue fue eliminar la serie sub 19 justo cuando termina, en teoría, la formación de los futbolistas.

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Los clubes se llenan de jugadores de 19 años que no tienen cupo y son desafectados perdiendo un trabajo de años. Una cosa más: Mientras nuestros futbolistas luchan por tener un cupo en los primeros equipos, Brasil y Argentina tienen a la mayoría de sus seleccionados jugando en Primera División. Como dato, el brasileño Rodrygo fue traspasado a Real Madrid en 53 millones de dólares.

Competitividad internacional

La participación en torneos internacionales a nivel de clubes es prácticamente nula. Un cadete normal con suerte juega un torneo de éstos en su vida; el resto, no tiene ni para soñar. La consecuencia es que desconocen en absoluto el roce internacional y solo lo realizan cuando les toca jugar por la selección. Es decir, cuando debieran estar acostumbrados.

A esta Sub 20 se le preparó con sicólogo, lo cual aplaudo. Pero, ¿qué logras con eso si en la práctica no están acostumbrados a jugar con público? Salvo Marcelo Allende e Iván Morales, ningún otro futbolista chileno había jugado con 5.000 personas.

Formación insuficiente

Los jugadores de inferiores gozan cada vez de mejores condiciones. La infraestructura es de un nivel distinto y los entrenadores tienen acceso a metodologías que antes eran imposibles de obtener.

Tácticamente, el jugador joven de la actualidad tiene mayores conocimientos que los de décadas pretéritas, pero hay algo en lo que se sigue al debe y es la formación integral. Es decir, trabajar todos los aspectos del futbolista, empezando por el educacional.

La gran mayoría de las promesas de nuestro fútbol están mal asesoradas y toman decisiones basadas más en los intereses de los representantes que de ellos mismos.

Basta con hacer ocho ó 10 partidos buenos para que lleguen las ofertas del extranjero y con esto la presión por salir del club. ¿Cuál es la conclusión? El proceso de maduración y consolidación queda trunco y el jugador pierde seis meses en un club donde se le exige como extranjero no estando totalmente preparado.

Incoherencia metodológica

Si ustedes analizan las selecciones menores todas juegan distinto, lo cual no está mal. El error es que cada una de ellas trabaja con metodologías diferentes y no de manera hilada.

¿Quieren un contraejemplo? Venezuela, de la mano de Rafael Dudamel, viene trabajando con el mismo concepto desde la Sub 17. De hecho, varios de los jugadores actuales vienen de esa serie y el técnico ya tiene identificados quiénes y cuándo arribarán a la adulta.

Insisto, no se trata de jugar igual, se trata de jugar con una idea común y eso en Chile no existe. Robles con la Sub 20, Hernán Caputto con la Sub 17 y hasta el mismo Reinaldo Rueda con la adulta tienen formas y fondos distintos. Cada uno con su forma, como si fueran una isla.

Hay más razones y más responsables. La gran mayoría trabaja detrás de un escritorio. Por eso lo fácil es pegarle a Robles, está a la mano. Pero en esta historia hay más de un villano.