La emotiva carta de Marlene Ahrens a su marido tras ganar oro en los Panamericanos de 1959

En el texto la ex atleta relató los detalles de su logro continental.

Foto: Archivo La emotiva carta de Marlene Ahrens a su marido tras ganar oro en los Panamericanos de 1959
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El sitio web de la Revista Capital reveló la emotiva carta que la recientemente fallecida ex atleta nacional, Marlene Ahrens, le escribió a su marido Jorge Ebensperger tras ganar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Chicago 1959 con una marca de 45,38 metros. 

En el texto, la representante nacional reveló detalles de su logro afirmando que la lluvia perjudicó el desempeño de las competidoras. "Yo lancé muy mal, pero la norteamericana (Marjorie Larney) no lo hizo mejor. Estuve primera hasta el cuarto de los seis tiros. En su quinto tiro me superó por unos 15 centímetros. Con mi quinto tiro no logré mejorar. Lanzó ella su sexto tiro sin superarse, y me tocaba a mí el sexto tiro, que sería el último de la prueba. Todas las demás atletas ya habían terminado sus seis tiros", dijo.

"¿Te puedes imaginar cómo me sentía? No, no puedes. Me ganaba la americana por muy poquito, pero me ganaba. Entonces me dije: Marlene, calma... O lanzas sueltecito, así no más unos 45 metros y te ganas la prueba, o lanzas con fuerza buscando el récord y entonces lo más probable es que te aprietes o por último te resbalas en la pista mojada y blanda y quedas segunda con una marca de lo  más ridícula", agregó. 

Ahrens continuó su relato señalando que "me paré en la pista, pensé en Chile y en ustedes, le pedí a Dios que me ayudara y corrí sueltecito, despacito, casi en cámara lenta, jabalina enrielada, mi brazo sobre mi cabeza y... suácate... me gustó el lanzamiento, pero... Parece que siento aplausos, sí, es el grupito de chilenos que estaba allá a la izquierda. ¿Dónde caería? La luz artificial no dejaba ver nada".

"Más aplauso, sí, gané, y salgo corriendo, pero ¿y si estoy equivocada y aplaudieron el salto alto o qué sé yo... Me paro, miro, ¿sí o no? Y veo a 10, 15 o más fotógrafos que se me vienen encima. Sí, tengo que haber ganado, estos gringos no me van a sacar fotos si no he ganado y me pongo a brincar y de repente aparecen por entre las cámaras fotográficas y como salidos de la tierra, más y más chilenos", añadió. 

La medallista olímpica en Melbourne 1956 cierra su relato contando que "un chileno me ofreció una peineta, pero qué me importaba mi pelo si había ganado una medalla de oro para Chile. Y seguimos: adelante la señora, después la americana, yo y la otra americana. Me nombran, subo a la tarima y saludo al público, humildemente, porque comprenderás que yo suponía que este público no podía estar muy contento de verme entre sus dos compatriotas". 

"Pero me equivoqué, me aplaudieron harto, Choche, y cuando empezaron a tocar la Canción Nacional y todo el estadio se puso de pie, me puse a llorar y las lágrmas caían una a una sobre mi buzo y mi insignia y yo pensaba en Chile y encontré tan linda mi Canción Nacional, y los chilenos allá arriba, un pequeño grupo en medio de un mar de gringos la cantaban, y según me confesaron después, también lloraban", indicó.